viernes, 14 de noviembre de 2008

Un mensaje en el cielo

Hoy, mientras miraba el cielo, me he fijado en que en muy poco espacio de tiempo he oído tres sonidos muy parecidos. Entonces he mirado al cielo, como siempre, esperando la respuesta. Y ahí estaba...

Era claramente una A, así que he empezado a rastrear por el salón. Seguro que me he olvidado de algo, como suelo hacer, casi siempre intencionadamente... Amor, Armonía, Armisticio, Anécdota, Anuario...no, probemos un poco más, Análisis, Asistencia, Ayuda...Ah, eso es "AH¡¡"...ya sé lo que es:

"A ver si te vas a olvidar"...eso es, felicidades , mamá, en tu taytantos cumpleaños, y en los miles de no-cumpleaños que me sigues dedicando...un beso

viernes, 7 de noviembre de 2008

sábado, 11 de octubre de 2008

Una historia de Berlín

Berlin, 16 de julio de 2008. 11 de la mañana.
Durban, Fidelio y yo atravesamos Friedrichstraße, la calle que donde está el Check Point Charlie, el paso fronterizo más famoso del Muro de Berlín, entre las dos alemanias (1945-90).


Nos acercamos a un puesto lleno de trajes militares soviéticos, casos, gorros, condecoraciones, matriuskas y máscaras de gas. Entonces Durban se dirige a la mujer del puesto y le pregunta sobre unos gorros. Con una mirada violeta y gestos lentos, pacientes, la vendedora se dirige a nosotros desafiante. Se llama Lidia Cherkova y nos dice que no hablemos tan alto cerca de estos trajes militares. Pueden escucharlo todo, dice mientras apura un cigarrillo, de tantas personas a las que han acompañado. ¿Me entiende?
¡Rebelión, rebelión! ¡Fantasmas, muchos fantasmas, no bien, no bien! No pretendíamos ofenderla, le contestamos, dando por hecho que la ofensa ya había sido lanzada. No, no es a mí. Es a ellos. Pero ¿Acaso creen que los que llevaron estas casacas pueden olvidar tan fácilmente? La mayoría sirvió a esta parte, en la oriental, en la nuestra, en la República Democrática y precisamente, esos dos gorros por los que me preguntan perecieron en Stalingrado. Tras una pausa, con la mirada decepcionada de no encontrar más que una cajetilla vacía, continúa: Allí murieron casi dos millones de personas. ¿Se imaginan? En sólo diez meses. ¿Es eso justo? No, no lo es.
Entonces bajamos la mirada y nos disculpamos. Aunque ahora estén en venta, nos encontramos ante un panteón sagrado, testigos mudos de contiendas siempre desiguales, siempre traicioneras. Nos disponíamos a irnos cuando Lidia, cogió a Durban del hombro, le entregó los dos sombreros y se los colocó uno en cada mano. Son de Nikita y Erich. Ellos también estuvieron en Stalingrado. ¿Y murieron allí?, pregunta Durban. No, claro que no. A eso no sele puede llamar morir. Les voy a contar algo:

El 1 de noviembre de 1941 el Ejército Rojo inició la campaña militar más importante de la historia. Tanto por el número de efectivos que entraron en combate como por la desgracia que trajo consigo y por ser el desencadenante del que si duda supuso el cambio más importante en la historia reciente.
La contraofensiva contra el ejército nazi había comenzado de forma silenciosa, tomando posiciones en algunas de las fábricas abandonadas de las afueras de Stalingrado. La mayoría de ellas estaban vacían, ya que los alemanes habían preferido buscar refugios más pequeños para montar sus avanzadillas. A treinta grados bajo cero resultaba imposible quitarse los guantes, lo que impedía el uso de casi cualquier instrumental, incluida la radio, y el despliegue lógico de campamentos. El calor humano se había hecho más necesario que nunca. Los cálculos de una invasión rápida de este enclave habían sido erróneos.
Los soldados dormían acurrucados unos sobre otros, con hojas de periódicos en las piernas y debajo de las camisas. Los generales habían permitido que las guardias se redujeran hasta las tres horas y las raciones de vodka eran dobles, por primea vez desde el comienzo de la ofensiva, el 14 de septiembre.
Erich Malthemberg pertenecía a la 60ª División de Infantería Motorizada, todo un lujo para alguien con un cuerpo tan enclenque y débil como el suyo. Su mente se había cultivado en las aulas de la Universidad de Filosofía de Colonia pero, en sus cinco años de estudio, no había dedicado ni un segundo al ejercicio físico, todo lo contrario de la mayor parte de sus compañeros, forjados en los Korps y experimentados en los desiertos de Túnez y Libia.
Erich sabía que era un afortunado. Tenía veintiséis años y la medalla de plata de las Olimpiadas de Berlín en la modalidad de tiro olímpico. Eso y la poderosa influencia de su padre, un empresario que fabricaba todos los neumáticos de los vehículos del ejército del Tercer Reich, le habían facilitado una posición privilegiada.
Había pasado dos meses en el campo de Sachsenhausen, a pocos kilómetros de Berlín, dentro de las SS, en el cuerpo de inteligencia. Pero tras apenas dos meses fue expulsado tras varias discusiones con el jefe del campo y su indisposición continuada a participar en los experimentos de las SS. Ahora, en su división, superado el disgusto de su padre tras la reprimenda del mismísimo Himmler, estaba en un lugar que pensaba más seguro. Las motos actuaban como fuego de cobertura, así que tardaría un poco más en morir, y no lo haría a las primeras de cambio como los rumanos y los húngaros de la 3ª División, que actuaban como fuerza de choque por delante de ellos, limpiando el terreno de minas y arrasando con todo lo que encontraban.
Su unidad estaba a las órdenes del general Fiedrich Paulus, hombre de confianza de Hitler y uno de los ideólogos de la invasión soviética, al menos, hasta que el mismo Führer desbarató por completo sus planes. Era la primera vez que entraba en combate, si así se podía llamar avanzar dentro del sidecar a toda velocidad y disparar a todo lo que saliera a su paso. Sin embargo no tenía miedo.

Su unidad había avanzado unos tres kilómetros, cerca del monte Mamaev Kurgan, desde donde casi se podía divisar toda la ciudad. De pronto, una explosión hizo saltar su moto por los aires y el sidecar se despidió de su apéndice bruscamente. Solía llevar tapones en los oídos así que la explosión la sintió un poco más lejana que el resto. A unos veinte metros una mina había destrozado los dos pánzer que cubrían a unos cien húngaros que les debían dejar el paso libre.
Justo delante de él un teniente se retorcía en el suelo de dolor envuelto en llamas. Enrich tenía las piernas encajadas en el sidecar. A duras penas se bajó, cogió una manta y se tiró encima de él intentando sofocar el fuego que le cubría de cintura para arriba. Sus gritos eran como los de un cordero a punto de ser sacrificado. Cuando le puso la mano en la cara notó como la piel de los guantes se fundía con la de la barbilla del teniente. Tuvo que golpearle, ya que éste intentaba cogerle y le salpicaba de pequeñas llamas y brasas. Se lo quitó de encima como pudo y le tiró la manta.
A esta temperatura, el contacto de la nieve con la piel quema tanto como el fuego. Ni siquiera resulta un buen método para tratar de apagarlo, pero el peso de Maltemberg y su zarandeo furioso encima del oficial lo consiguió al fin. Después comprobó si el teniente seguía vivo, pero lo suyo era la filosofía, así que no estaba muy seguro.
Pac, pac, pac... Alguien les había visto y les acababa de disparar. A su izquierda dos pánzer más habían sido alcanzados, así que nadie repararía en ellos hasta que hubieran sofocado el fuego de las máquinas. Cogió al teniente y, aunque presentía que estaba pasando sus últimos minutos en este mundo, lo arrastró hasta una casa a la que habían arrancado la fachada de cuajo, pero que les ofrecía una pared durante algún tiempo.
Nikita Semiónov se quitó el guante, golpeó la pared con los nudillos dos veces, apretó los ojos y acarició el gatillo como si fuera una superficie suave, desconocida, y no le quemara como en realidad lo hacía. No era un hombre de costumbres, pero a sus veinticinco años estaba convencido que para matar a alguien debía seguir una rutina que no le obligara a pensar en lo que estaba haciendo. Algo así como poner música clásica para aplacar los gritos de un torturado o hacer una muesca de madera, apreciando la belleza de la naturaleza justo después de disparar a algún desgraciado.
Se había librado de ir al frente norte al haber participado en los Juegos Olímpicos de Berlín. Lo había hecho con pasaporte lituano, pero eso poco importaba ahora. Era un tirador de élite, y Stalin había decidido que junto con los atletas, ingenieros y médicos, debía permanecer en la retaguardia, al menos, hasta que fuera necesario. Y así había sido hasta hacía sólo dos semanas.
La ofensiva nazi hacia el Volga había convertido a los cuerpos de choque alemanes en unos blancos demasiado fáciles como para renunciar a ellos. Hitler había castigado a numerosos oficiales a entrar en la ciudad en primera línea, con los soldados rasos, los húngaros y los rumanos. La mayoría, acusados de no haber sido capaces de contener los saqueos, ejecuciones y violaciones de las primeras semanas. No por el hecho de hacer la vista gorda, sino por haber tenido contacto con los judíos y no haberlos detenido y mandado para los campos de exterminio como les había ordenado. El fürher pensaba que hacerse con esta ciudad supondría dividir la Unión Soviética en dos, cortar el suministro de petróleo al norte y hacerse con el control total de los rusos. Pero su visión estratégica no impedía que nunca quitara de su cabeza ni de la de sus generales la idea de la supremacía de la raza y su deber sagrado de acabar con los judíos.
Nikita nunca se aventuraba a hablar de política, ni de pueblos, ni de razas. Ni siquiera pensaba en ello. En cambio, le gustaban las combinaciones extrañas de colores, las formas geométricas y su proyección en el espacio. Pensaba que los trajes de los alemanes eran demasiado oscuros. Un detalle estúpido en cualquier otro momento o lugar, pero clave en el devenir de su ofensiva, sobre todo porque un manto nevado cubría todo Stalingrado más de seis meses al año.
Llevaba tres días apostado a los pies del monte Mamaev Kurgan y había acabado con más de cincuenta vidas. El General Kostantín Rokossovski le había prometido que, si lograban resistir el ataque nazi un par de semanas más, pronto podría devolverle a casa. Y ésa era la mejor noticia posible; la única noticia posible. Casi la mitad de los soldados de su compañía tenía disentería u otras enfermedades y las noticias no eran nada esperanzadoras. Últimamente a los heridos los trasladaban a la orilla del Volga, con la promesa de ser evacuados, pero una vez allí, les dejaban morir congelados.
Frente a él tenía dos alemanes y debían de ser oficiales. Uno de ellos estaba sentado y apenas se movía. Quizás estuviera herido. El otro le daba agua y giraba la cabeza a un lado y otro. Les tenía a tiro. Demasiado fácil. Pac, pac. Dio dos golpes más con los nudillos, como si ya lo hubiera hecho.
El teniente estaba medio muerto. Tenía la mitad del rostro cubierto por una costra negra y el tintineo inútil de una mano era lo único que mantenía a Erich a su lado. Había sentado al teniente en una habitación con azulejos y una pila. Pac. Entonces notó como si le hubiera dado la corriente en el brazo y se giró buscando el origen del disparo. Miró al teniente y comprobó que tenía un balazo justo en medio de la frente. Por un momento sintió pánico, pero le duró apenas segundos, hasta comprobar que a él también le habían alcanzado en la muñeca. En ese momento se dio cuenta de que alguien se acercaba a su posición.
Nikita sabía que a uno le había dado en la cabeza, pero sospechaba que el otro sólo estaba herido. Decidió acercarse. Desde su posición era mucho más sencillo, su camuflaje era perfecto, pensó. Lo único que le daba miedo era la posibilidad de tener que utilizar el cuchillo. Estaba a unos diez metros y podía ver el casco del alemán.
Erich recordó que tenía un pañuelo blanco que podría utilizar para mostrar su rendición. Ya no se acordaba que tenía inscritos en él los cinco aros olímpicos, con la fecha bajo: Berlín 1936. Lo agitó mientras buscaba la pistola que había perdido cuando salió despedido de la moto. No debía pasar de los veinticinco grados bajo cero, pero empezó a sudar.
Cuando Nikita vio el pañuelo agitándose decidió acercarse, al menos, para ver la cara al número cincuenta y dos. Erich se tocó la cartuchera pero estaba vacía. Cuando se giró tenía a un francotirador del 62º Ejército Rojo apuntándole. Así que ya estaba muerto, con la bandea olímpica en la mano, desarmado y muerto, luego pensó que lo mejor era reírse de la situación. Nikita dio dos pataditas al suelo. El cielo estaba cubierto, pero un haz de luz le rozó la mejilla y bastó para que sintiera un segundo de calor. Con el fusil le hizo una señal para que el alemán se quitara el casco. Erich se lo quitó y continuó agitando la enseña olímpica, con un semblante ridículo.
En ese momento Nikita recordó el color miel de unos ojos con los que había intercambiado la mirada más larga de su vida. Miel y azul y negro y blanco, y tras ellos, sólo la diana. Se apartó la bufanda para ver si el número cincuenta y dos también le reconocía. No había pasado tanto tiempo desde su primer y único encuentro. Fue el 14 de julio de 1936, en las pistas adyacentes al estadio olímpico de Berlín. Después de más de 3 horas de la final de tiro y veinte dianas empatando con la misma puntuación, Nikita y Erich seguían disputándose la medalla de oro. Entonces el alemán se quitó la gorra y miró a su oponente. El público le jaleaba y pedía gritos la rendición del ruso. Erich se acercó a él, se despojó de los guantes y le ofreció su mano ante la desesperación de un público boquiabierto y furioso. Nikita aceptó su mano y se fundieron en un abrazo. Fue la primera vez en la historia de los juegos en la que se repartieron dos medallas de oro en una misma competición.
Pero aquel cara a cara nada tenía que ver con lo que pasaba ahora. Muerte y hielo. Frío y lágrima. Este era el tiempo de la ira. Nikita apuntó de nuevo su fusil. Erich cerró los ojos y siguió recordando el encuentro de una soleada tarde de verano. Escuchó un crujido y de nuevo sonrió. Pero esta vez era el ruido apabullante de un pánzer que se acercaba en su dirección. Debía de estar a unos treinta metros. También escuchó a un teniente preguntando si había supervivientes. Erich abrió la boca pero Nikita le miró recordándole su condición. El ruido de la bestia y de los zapadores alemanes era cada vez más nítido y cercano.
La situación había cambiado en segundos. Cuando le vieran, matar a Erich sería su último recuerdo. Nikita bajó el fusil y fue él el que rió. Acababa de decidir que uno de los dos sobreviviría a la guerra. Ahora eran los pasos de tres hombres los que se escuchaban. Erich se tocó la herida con la mano y esparció la sangre que tenía en su cabeza y en la cara de Nikita. Después le cogió por los hombros y lo tiró al suelo, le sacó su puñal y se lo colocó en su mano. Acababa de empezar a nevar. Ya en el suelo, Erich colocó a Nikita boca abajo, como si estuviera muerto y después se tiró él mismo encima, simulando también estar muerto. El cielo parecía despejado aunque nevaba. A los tres soldados alemanes les acompañaba un perro que se paró junto a Erich y Nikita. Les olió, les lamió y les dejo como si nada. Los soldados pensaban que estaban muertos. Recogieron el fusil del ruso y pasaron de largo. Erich pesó que debía seguir tapando a Nikita durante un tiempo más. El ruso pensó que era un día turquesa.
Tres días más tarde el capitán Dimitri Cherkov descubrió a un soldado ruso y a un suboficial alemán abrazados. Habían muerto congelados.

Y esa es la historia de Nikita y Erich, nos dijo Lidia. El capitán Dimitri Cherkov es mi padre. Estos dos son sus sombreros. El cielo se ha despejado.
...dedicado a todos los que abandonaron este mundo en esta guerra, y en todas las guerras

Coldplay: Viva la Vida¡

martes, 7 de octubre de 2008

jueves, 7 de agosto de 2008

Felicidades

A Durban y a mí nos gustaría dar la bienvenida a la nueva aventura cibernética de un gran tipo, uno de esos que "merecen la alegría" (que no la pena)...Se trata de una recopilación de curionotícias que, de verdad, darán mucho d e qué hablar...echadle un vistazo

CURIONOTÍCIES

miércoles, 6 de agosto de 2008

!!Durban ha Vuelto¡¡



Perdón por el retraso queridos. Hemos estado en Berlín, Praga y Viena de Ronda..

martes, 27 de mayo de 2008

Presentación de Alejandro

Firma invitada: Alejandro Manuel. MundoDurban sigue abierto a cualquier participación. Esta es la presentación de Alejandro Manuel.

Esta es su propuesta: "!Ahi va mi creacion! Es un capricho, nada serio, pero mientras la escucho, cruzo gratis el océano, hasta Trinidad y me veo con mi amigo Rafa, disfrutando de la vida!!!.



La canción de Trinidad

Nada queda en la discoteca ya.
Todo está vacío.
Durban acompaña con una piba que es medio africana.
La verdad es que creí que me hizo un guiño,
proponiéndome a los ojos creo un trío.

Pero, queda la casa,
queda la casa,
queda la casa…
Nelson está por ahí.

Mañana cuando amanezca,
creo que será un buen día.
La fémina me ha propuesto que vayamos con ella a un sitio,
y creo que ahí están de carnavales.
¡Que se despierten los deseos más carnales!

Pero queda mi cama.
Ees por la mañana, esto continúa…
¡Viva Joel!





Este soy yo, Alejandro Manuel

sábado, 24 de mayo de 2008

Presentación de Vatel

Firma invitada: VATEL

MundoDurban es un espacio abierto a cualquier tipo de intervención-inspiración. Cualquiera de vosotros, y digo cualquiera, puede y debe expresarse. Así, que la única cosa que podemos decir, Durban y yo, es que Vatel es el primer valiente que decide comparti sus sentimientos.


"Cuando abandonas el pueblo serpenteas por una carretera estrecha, y entras en la Cala Montjoi (en Girona) a un lado los arbustos en flor lo pintan todo de tonalidades en verde, amarillo y violeta, siempre distintas, y del otro lado el azul el del mar y el del cielo que se funden en el horizonte. Entonces llega el primer estímulo, estás saboreando mar y oliendo monte, así empezó todo…

Contrastes que bien por casualidad o bien por causalidad hacen que las cosas conocidas se perciban de otra forma y que las desconocidas se acepten con naturalidad. El viaje es en sí, la verdadera aventura, y entonces crees que estás viendo una cosa y es otra ,y cuando crees que lo que vas a experimentar lo desconoces te retrotrae a lo más familiar.
Es el juego de los sentidos, que tan pronto te divierte como te desconcierta, dejándote perplejo en un instante y, de nuevo, los colores lo invaden todo rojos potentes, blancos cremosos, negros esponjosos, verdes amargos, amarillos crujientes, morados eléctricos, naranjas explosivos, marrones suaves y un sin fin de variedades que te aturden antes de que puedas asimilarlo.


Pero todo tiene su orden, su lugar, su momento preciso entre el que le antecede y precede, todo es perfecto excepto el final porque sabes que se acaba y no sabes si volverás. Eso es el Bulli."








Hola, soy Vatel, espero que te haya gustado



jueves, 22 de mayo de 2008

Zapatillas


Cuando las vi por primera vez estaban medio escondidas,
en un mostrador repleto de baratijas,
pidiendo a gritos un poco de atención,
entre guirnaldas, polvo púrpura y otros adornos para árboles huérfanos,
o rellanos necesitados de luz.

Estaban allí, justo tras un Buda que explicaba con sus manos
el misterio del Universo,
anunciándose, aquí, aquí…


Eran dos y tenían la piel aterciopelada,
con arañazos dorados,
y un corazón bajo la piel solícito de un acompañante…

Y entonces parece que me hablan:
Llévanos contigo, aunque no sean los tuyos los pasos a seguir,
porque seguro que serán de alguien al que adoras,
y desde ahora nosotras también le adoraremos,
que ya sabemos de tu habilidad para meterte en sus sueños….

Queremos pisar el suelo que pisas,
queremos sombrearte,
picotearte, o mejor,
acompañarte en sus sueños,
que serán los tuyos,
por si se pegan,
por si de pronto podemos vivirlos contigo.

Decido entonces que se vienen conmigo,
con su púrpura y rojo, de paseíllo, pero son para ti…

Así que ya sabes, aquí las tienes,
son tus zapatillas, o un visado de mi corazón…
o un lado de mi alfombra voladora reservado,
o cualquiera de mis hombros, para que te apoyes y me apoyes,
y volemos en ala delta.

Son tuyas,
para lo que quieras…
En mi casa no tengo llaves,
pero sí unas zapatillas esperándore a la entrada….
las tuyas.

sábado, 3 de mayo de 2008

Feria del Libro de Valencia, en la caseta número 16...con horchata y fartons, y muy buen ambiente de todo aquel que asistió.

El beso en la pluma
Besar a una persona, o mejor, darle un cálido abrazo y transmitirle que tu suerte es su suerte y que así quieres que sea para siempre. Creo que esa es la sensación más parecido que he tenido al firmar un libro. Jamás pensé que fuera tan emocionante.

Primero los desconocidos miran la portada, e inmediatamente después te miran la cara, así que me imagino que de haber sido más agraciado hubiera convencido a algunos más, o al menos, más misterioso, atormentado, enimático, quizás…

El caso es que la ilusión es infinita, y aunque suene a tópico, la responsablidad, también... Gracias a los que me habéis acompañado, al resto, también...



...Y, si os soy sincero (Durban y yo siempre lo somos, aunque en alguna ocasión nos duela), la visita que nos ha emocionado no ha sido la de la prensa, ni la de un escritor famoso, ni siquiera, la de algún editor emocionado... No, la más importante ha sido la de dos mujeres menudas, dos mujeres que intentaban disimular el sentimiento que les producía verme allí, con el sentimiento a flor de piel, sonriente, rodeado de gente; dos mujeres de ...taytantos años (¡qué importa el DNI, si son inmensamente más jóvenes de la mayoría de los que conozco!) y que me han querido ver mucho mejor de lo que soy...sólo por eso, intentaré acercarme un poco a lo que ellas piensan de mí: mi abuela, Martina, y mi madre, Victoria.








martes, 29 de abril de 2008

Amigos y seguidores de MundoDurban, tenemos el placer de anunciaros que el Próximo día 2 de Mayo estaremos en la Feria del Libro de Valencia (Jardines de Viveros), de 18 a 20:00 firmando libros (Caseta de FUTURAMA, NÚMERO 16).
Más que firmando libros, lo que haremos será responder a cuantas preguntas haya sobre las distintas partes del cielo, sus atajos, escondites, situaciones especiales de transmutación y sobre todo, la forma de conseguir un visado para entrar y salir a voluntad. Además enunciaremos algunas fórmulas mágicas y encantamientos tradicionales. Habrá horchata y fartons de cortesía, y algunas sorpresas más¡¡¡ os espero a todos.
Todos los que asistáis pasaréis a formar parte de MundoDurban de forma automática....
PD: La primera edición de El cielo de Malcolm está a punto de agotarse (para ser exactos, quedan 23 ejemplares coma dos)... Nos estamos pensando hacer otra tirada, pero eso, evidentemente, no está en nuestras manos, sino en las vuestras. Es decir, haremos lo que nos pidáis....besos y abrazos

jueves, 24 de abril de 2008

Mi pueblo

dedicado a mi hermano Borja, porque le quiero...

...y a Manolo Peña, porque también...





Mi pueblo
Mi pueblo es pequeño. Tanto, que a veces puedes recorrer sus calles sin encontrarte a nadie. Otras veces, sin embargo, paseo y descubro una casa nueva, que no estaba y que de pronto ha aparecido, o en la que apenas me había fijado. Sólo entonces empiezo a imaginarme quién vive en ella, e incluso en quién colocó esa piedra o la otra, y también las conversaciones que tuvieron los que la situaron precisamente allí y no en otro lugar, porque si de algo estoy seguro es que fueron como mínimo dos personas, o quizás más. Así que cambio de opinión y pienso que mi pueblo es infinito, que no se acaba, y que no puede acabarse, porque entre otras cosas, cada piedra, cada poyo, cada granero, está preñado no sólo de una, sino de varias historias. Algunas las he visto, otras las he escuchado y otras las he imaginado, aunque después sé que serán exactamente como las he visto en sueños.
Mi pueblo tiene lugares que sólo yo he visitado, o al menos, eso creo. Como el punto exacto desde la cuesta de los pinos donde se juntan en el horizonte el pararrayos de la iglesia y la torre más alta del castillo. Porque, aunque no lo creáis, mi pueblo tiene un castillo, de esos misterios y soberbios, nada menos que del siglo XIII, testigo de dominios de señores y luchas despiadadas por controlar ésta, una de las fronteras más poderosas del Norte y bastión de las guerras contra Castilla; testigo del de los que lo admiran, desde bajo, pegados a la tierra que pisamos.
Os contaré un secreto. Cuando cumplí ocho años, mi abuelo, un hombre sobrio, delgado y sereno, con la cara angulosa y los rasgos marcados por el viento del Moncayo, me regaló un reloj y se dirigió a mí para contarme algo importante. No solía hablar mucho, por lo que me quedé paralizado, escuchando lo que sin duda sería algo grande. Me cogió del hombro, me sentó a su lado, y me dijo que si alguna vez subía al castillo, además de quedarme contemplando la belleza recia de su estructura y la dureza casi sobrenatural de sus piedras, escribiera tres deseos en un papel cualquiera y que lo escondiera entre algunas de las sus rocas. Después, me tapó los ojos con su mano y me dijo que, si prestaba mucha atención, podría escuchar el ruido del puente levadizo al caer y el resoplido de cientos de caballos entrando por su portón.
Lo siguiente que deberás hacer, dijo, no importa el tiempo que tardes en hacerlo, ni siquiera el que haya pasado, es, sin prisas, subir al castillo y buscar el papel para ver cuáles de tus deseos se han cumplido y cuáles no. Para los que se hayan cumplido tendrás que reservar una sonrisa y una felicidad profunda y contagiosa para todos los que conozcas, y también entre los que no. A ellos, precisamente, les ayudarás a ver que algo bueno les espera. Y para aquellos a los que el destino todavía no les haya llamado a tu lado, como le gustaba decir, deber buscar la fuerza necesaria, aun de donde jamás lo hubieras pensado, para volver a subir y esperar que, al menos uno de ellos, te depare una nueva sorpresa.
Durante años seguí con el ritual de subir hasta la parte más alta del castillo, siempre solo, con la piel de gallina asomando entre las mangas, esperando que alguno de los deseos se hubiese cumplido. Confieso que no siempre fue así, pero cuando se cumplía alguno sentía un tintineo tan especial que se convertía en la alegría del año.
La última vez que lo hice fue hace unos siete años y, por las desventuras y trajines desconcertantes y ondulantes de la vida, hasta este verano no había vuelto a subir. Siempre he recordado aquella conversación, así que hace tan solo unos días subí, busqué mi trocito de papel arrugado y lo abrí. Tenía dudas, porque en un primer momento pensé que ninguno de los deseos se había cumplido. Pero al bajar, todavía con el terciopelo frío acariciando mi cuello y los pies señalados por las rocas, recordé la última frase de la conversación. Fue justo cuando me encontraba con los míos y me encontré con una mirada, y pegada a ella, una sonrisa inesperada. Sólo entonces, después de tantos años, la pude comprender y me di cuenta de que había alguien más que conocía mi secreto. Tus deseos pueden no cumplirse siempre, o puede que tarden mucho más de lo que pienses, pero quédate tranquilo, si alguna vez, el castillo, por la razón que sea, aparece teñido de blanco, sin duda se cumplirán. Entonces me giré y lo vi, soberbio y mágico, imponente, como siempre…


Mi pueblo es Tornos y está en Teruel

Que sí, que sí

lunes, 14 de abril de 2008

Presentación "El cielo de malcolm"

Gracias a todos por hacer de ésta, una noche mágica

miércoles, 9 de abril de 2008

Presentación El Cielo de Malcolm

La presentación de El Cielo de Malcolm, así como su acogida en general, ha sido mucho mejor de lo que Durban y yo jamás hubiéramos esperado. Todos los que asistieron lo hicieron rebosantes de cariño y ternura. Pero para no alargarme os diré que hubo 4 actos principales:

1.Introducción musical
















2. Bautizo del libro, donde todo parecía bastante respetable menos el cura...(je, je...)



3. Algunas preguntas y pocas respuestas acerca del libro








4. Combate poético y hasta luego musical

combate poético:(Durban, Manolo -árbitro- y Durban)

Sólo resta dar un abrazo y varios besos a todos los que vinieron y a los que de corazón ya están con nosotros siempre. Pero en especial a la entrega de Manolo, Fidel, Juan, Carlos y toda su família (Jesús padre estuvo inmenso en la coordinación de luces y del escenario), Tono por su experta coordinación musical y por el amplio y maravilloso reportaje gráfico, Sergio y Borja (¡Vaya blog se marca el colega!), mis hermanos y mis brazos y mis piernas, y Cristina, Begoña, Delia, Nacho, Esteban (no eres el de la era, je, je...), Belén (sé que estabas de corazón), Carmen Gómez (también tú, desde Bolivia, como Esther Roig), Clara, Belén, Salva y el resto de colegas de Russafa, Vicente, Cristina y Maria José desde Moncada City, y a la "Otra" Maria José, Edel y Vicente (y lo ellos saben...), Rubén y Xirimita Ferrán, dos genios de la comunicación y sin los cuales posiblemente ni Durban ni yo estaríamos aquí, Víctor y Ana, Julio y Alicia, Óscar y Marta, haciendo honor a su amor compartido conmigo por Tornos (Teruel), Jorge, Víctor y compañía, gracias por dejarme estar en el equipo, y a Maryline, y a Luz, Patri, Luismi y Dani, que os puse falta¡¡¡¡ y al resto, también, incluidos los colegas y amigos Edu, Luís, Maite, Salva, etc...besos y abrazos y, buenos, más besos...............
A los que dejaron en casa cualquier sentido del ridículo y se unieron a la celebración y a los que acudieron a pasárselo bien..(seguro que faltan muchos, perdón de nuevo)













…..El Cielo de Malcolm ha nacido, ahora ya parece imparable GRACIAS

domingo, 6 de abril de 2008

Voy Buscando

Voy buscando

Como todavía no encontré el barco para atravesar mares,
voy entrenándome pidiendo a las olas
que me ayuden a cruzarlos hasta llegar
a las islas que me enseñaste.

Como todavía tengo mi castillo en construcción,
voy robando materiales del cielo,
ladrillos de algodón de las nubes,
y algunas piedras de la escalera del paraíso.

Como el submarino se quedó allá abajo,
mientras coleccionaba conchas de colores,
voy pidiendo a los delfines y a las sirenas que
me cuenten cómo es todo en el fondo del mar

Como el agua se terminó,
no tendremos más remedio que
aprender a beber de nuestros besos,
porque el resto ya no nos sirve.

Como aún tengo disparates para regalar,
y no estoy preparado para el examen de los magos,
voy buscando soluciones a los encantos
que me propone el sabor de tu piel.

Como aún tengo la mente de leche,
que no he tenido tiempo de cambiarla,
pienso oponer plena resistencia
a que me obligues a dejar de soñar contigo.

miércoles, 30 de enero de 2008

Acero

Soy acero y en mis venas se comunican ya las líneas de lluvia…
y entonces cuando siento,
el acero se retuerce en mi corazón
y vibra espantado por su frío contacto.

Sólo cuando me fundo nacen lágrimas grises y brillantes,
sólo entonces puedo hacerlo,
mientras dejan su negro rostro en mis mejillas.

Es el momento en el que puedo desaparecer,
y no regresar,
dejando por el camino agujeros de metal fundido…

Soy acero,
así que no te lamentes, padre,
que no sufro,
que puedo levantar ciudades enteras de vida,
y de lágrimas fundidas por ti.

Tengo acero en las venas,
así, que ni sufro ya aunque no estés,
y todo porque seguimos hablando,
y estos arañazos que ves apenas puedo sentirlos…

Soy acero…
Acero o nada…


Para mi padre, el gran Rafael J. Salom Serra,
Y para las miles de personas a las que ayudó a ser un poco más felices



Por otra parte, Durban me dice algo:

!ESTAMOS ESPERANDO TUS COMENTARIOS¡

Si estás interesado en El cielo de Malcolm, mándanos un emilio, ya sabes, a rafachanchan@hotmail.com, y te lo enviaré, y si no, te pasas por la librería FUTURAMA, en Valencia....


En cualquier caso, los dos tenemos algo que deciros: GRACIAS¡¡¡

viernes, 25 de enero de 2008

La otra Luna

La otra luna

Un día vio en el cielo otra luna,
de ojos verdes y rostro de nieve,
a veces redonda y a veces cuna.

Una era de nariz chata y pequeña,
y la otra era desde su orgen nariguda,
suave como una pluma.

Una era triste y dejaba escapar estrellas,
y la otra, cansada de buscarla de noche,
le regalaba sonrisas cada vez que la veía..

Una es de naturaleza pálida,
leche tibia sobre negro cielo,
y la otra es morena,
cálida, salvaje y loba.

Curva se mantiene una desde que luce,
y ésta no tiene más desvío que la mirada,
que hace trasnochar al mar y
convierte en dulce el agua salada.

Ella responde por mi luna,
y si de noche su nombre susurras,
ella te quiña el ojo y
te regala blanca fortuna.








-¿Y esto?
-No sé, se me ha ocurrido.
-Durban, puedes poner lo que quieras, pero ¿no te parece un poco...?
-¿Un poco infantil? Sí, claro. ¿Cuándo empezamos la vuelta al mundo?
-Pronto Durban, muy pronto...

martes, 22 de enero de 2008

Presentación de El cielo de Malcolm

Hola, al fin, DURBAN me pide que os comunique la noticia más importante desde que nos conocemos:

PRESENTACIÓN DEL extraño, emocionante y divertido libro El cielo de Malcolm...(¡No me lo puedo creer, ya era hora!).

!!!!! DIA 2 DE FEBRERO ¡¡¡¡
LUGAR: Casal Fallero "Peu de la Creu" (he aquí un mapa: está cerca del Mercado Central de Valencia)

Hora: ¡¡¡¡A Durban no le importan las horas!!!! Eso sí, La Presentación comenzará a las 19:00 horas, hasta aproximadamente el momento en el que se acabe....


Eso sí, la entrada es gratuita, lo único que se exige es buen humor, presencia impecable para un acto de semejante enjundia, las energías para soñar totalmente cargadas y ganas de pasárselo bien... POR FAVOR, HACED UN HUECO EN VUESTRA AGENDA y VENID, amigos, AMIGOS, VENDID ....





Tanto a Durban como mí, nos gustaría contaros que hemos descubierto cientos de cofres, y que dentro de ellos hay cientos y cientos de ejemplares para regalar... Pero el caso es que se trata de una edición limitada. Así que, posiblemente no haya libros para todos, y que las disputas sobre uno o varios de ellos se tendrán que dirimir a sable o mosquetón...

Lo cierto es que a partir de ya se está preparando la segunda edición de El cielo de Malcolm, con una tirada de unos 200 ejemplares más...

...OS ESPERO a todos

por cierto, ¿Sabéis lo que es esto? Pues no es una pista de aterrizaje, ni siquiera el Londres nebuloso que tan bien conoce DURBAN, sino Valencia hoy en una noche de NIEBLA


PD: si alguno no puede acudir, (el típico viaje a Transilvania de última hora) debéis saber que El cielo de Durban se puede encontrar en la librería FUTURAMA (C/Guillén de Castro, 53)
y si alguien quiere conseguirlo, que se dirija a mí, en el siguiente correo rafachanchan@hotmail.com y Durban le explicará amablemente cómo conseguirlo. Al día de hoy, ya hay 102 reservas, gracias a todos¡¡¡¡
Bookmark and Share